El domingo voy a votar por Angélica Lozano que es la número 7 de la lista de Progresistas porque creo que va a liderar la limpieza que necesitamos en ese Concejo cómplice de la debacle bogotana y que necesita personas conscientes, amorosas, trabajadoras y verticales contra las mafias y la suciedad imperante que tanta pobreza genera; Angélica cumple ese perfil e inspira toda mi confianza.
Por otro lado, votaré por Gina a la Alcaldía porque cumple con las mismas características que Angélica aunque desde enfoques políticos y filosóficos distintos. Para la JAL votaré por los ediles de la lista de la ASI porque sus integrantes me generan confianza y respeto.
No quiero que gane Petro porque no me gusta la izquierda en el gobierno y menos cuando el próximo alcalde, o mejor la próxima alcaldesa, tendrá que poner orden después de tanta desfachatez. Sin embargo y aclarando que voté por él para la Cámara, creo que es un político admirable que de ganar sería otro baldado de agua fría para una sociedad que está pagando tardíamente la curva de aprendizaje de la izquierda en el ejecutivo ya que por varias décadas dejó matar a los principales líderes que portaban las banderas de las ideas socialistas o comunistas que él y el Polo defienden.
Ahora bien, Enrique Peñalosa dejó escapar nuevamente la posibilidad de repetir en la Alcaldía gracias a la reprochable alianza que hizo con quienes meses antes constituían la orilla axiológicamente opuesta y que por una mecánica electorera terminaron mimetizados con quienes defendían, de palabra, el no al todo vale.
Finalmente creo que lo más valioso es salir este domingo a las urnas y elegir a consciencia con un voto responsable, a quienes tienen la obligación de sacarnos de esta olla podrida que nos dejó la administración del Polo en alianza con el Partido de la U que ahora está aliado con el Partido Verde.
jueves 27 de octubre de 2011
miércoles 2 de marzo de 2011
ALIANZAS VERDES
Bogotá D.C., marzo 2 de 2011
Para: Dirección Nacional del Partido Verde
El 2 de octubre de 2009 asistí a la cristalización de un sueño: el nacimiento del Partido que me devolvió las ganas de participar políticamente.
Cuando fui tildado con diferentes epítetos por gritar coros de dolor en el Centro de Convenciones y seguí sintiéndome orgulloso, estaba emocionado porque los líderes de mi Partido saltaban y gritaban conmigo y hacíamos todos el “ridículo”; protestando descarnadamente contra la suciedad de la otra campaña en la primera vuelta presidencial.
Cuando lloré durante el discurso de Antanas al terminar la jornada electoral de la segunda vuelta, había una mezcla de cansancio, frustración y esperanza porque los líderes de mi Partido seguirían representándome con altura y defendiendo la mal llamada utopía Verde.
Se vuelve utópica la idea Verde sólo ante la claudicación a nuestros principios. En mi condición de integrante de la Ola Verde, razón fundante y validadora del Partido, de la Dirección Nacional y de las demás estructuras, asumo con DESCONFIANZA la posibilidad de efectuar alianzas con las fuerzas “políticas” que meses atrás nos hicieron saltar, gritar y llorar de indignación.
Todavía hay tiempo para tomar una decisión justa. La Ola Verde lo premiará.
Camilo Isaza Herrera
Para: Dirección Nacional del Partido Verde
El 2 de octubre de 2009 asistí a la cristalización de un sueño: el nacimiento del Partido que me devolvió las ganas de participar políticamente.
Cuando fui tildado con diferentes epítetos por gritar coros de dolor en el Centro de Convenciones y seguí sintiéndome orgulloso, estaba emocionado porque los líderes de mi Partido saltaban y gritaban conmigo y hacíamos todos el “ridículo”; protestando descarnadamente contra la suciedad de la otra campaña en la primera vuelta presidencial.
Cuando lloré durante el discurso de Antanas al terminar la jornada electoral de la segunda vuelta, había una mezcla de cansancio, frustración y esperanza porque los líderes de mi Partido seguirían representándome con altura y defendiendo la mal llamada utopía Verde.
Se vuelve utópica la idea Verde sólo ante la claudicación a nuestros principios. En mi condición de integrante de la Ola Verde, razón fundante y validadora del Partido, de la Dirección Nacional y de las demás estructuras, asumo con DESCONFIANZA la posibilidad de efectuar alianzas con las fuerzas “políticas” que meses atrás nos hicieron saltar, gritar y llorar de indignación.
Todavía hay tiempo para tomar una decisión justa. La Ola Verde lo premiará.
Camilo Isaza Herrera
domingo 9 de mayo de 2010
Como Testigo Electoral, yo NO usaré camiseta VERDE el día de las elecciones
Teniendo claro que el día de elecciones no se intentará ningún tipo de movilización del voto, mis argumentos sobre el uso de camisetas verdes ese día son los siguientes:
Esto dice el artículo 10 de la Ley 163 de 1994
“PROPAGANDA DURANTE EL DÍA DE ELECCIONES. Queda prohibida toda clase de propaganda política y electoral el día de las elecciones. Por lo tanto, no se podrán portar camisetas o cualquier prenda de vestir alusiva a propaganda política, afiches, volantes, gacetas o documentos similares que inviten a votar por determinado candidato o simplemente, le hagan propaganda.
Las autoridades podrán decomisar la propaganda respectiva, sin retener a la persona que la porte.”
La primera frase es elocuente, “Queda prohibida toda clase de propaganda política y electoral el día de las elecciones.”, habla de TODA la propaganda y luego puntualiza: “no se podrán portar camisetas o cualquier prenda de vestir alusiva a propaganda política”. En este orden, una camiseta verde usada por un elector común no se podría interpretar como propaganda política sino como una mera expresión libre de su manera de vestir.
Cosa distinta es cuando un Partido da la instrucción y facilita los medios para que todos sus Testigos Electorales, que por cumplir FUNCIÓN PÚBLICA transitoria tienen acceso y movilidad libre dentro de los puestos, vistan una camiseta de color verde.
Por ejemplo, en un puesto de votación en el que haya 20 mesas, en teoría, habría 20 testigos verdes durante toda la jornada electoral. Una mente promedio que vea a 20 personas con uniforme camiseta verde, inferirá que el Partido Verde está haciendo “propaganda” dentro y fuera de los puestos de votación en un día de elecciones. A la luz de la norma citada, habría una infracción. Puede o no ser castigada por las autoridades, por la Policía, por la cultura, pero creo que la consciencia dicta que la habría.
Por encima de cualquier argumento, lo principal es leer la norma y sacar la conclusión que consciente y responsablemente más nos convenga y ella no necesariamente tiene que estar informada por la cantidad de votos que vamos a ganar o a perder en estas elecciones. Hay acciones políticas que pueden no dar sus frutos en estas elecciones sino en las de los próximos 100 o 200 años.
Esto dice el artículo 10 de la Ley 163 de 1994
“PROPAGANDA DURANTE EL DÍA DE ELECCIONES. Queda prohibida toda clase de propaganda política y electoral el día de las elecciones. Por lo tanto, no se podrán portar camisetas o cualquier prenda de vestir alusiva a propaganda política, afiches, volantes, gacetas o documentos similares que inviten a votar por determinado candidato o simplemente, le hagan propaganda.
Las autoridades podrán decomisar la propaganda respectiva, sin retener a la persona que la porte.”
La primera frase es elocuente, “Queda prohibida toda clase de propaganda política y electoral el día de las elecciones.”, habla de TODA la propaganda y luego puntualiza: “no se podrán portar camisetas o cualquier prenda de vestir alusiva a propaganda política”. En este orden, una camiseta verde usada por un elector común no se podría interpretar como propaganda política sino como una mera expresión libre de su manera de vestir.
Cosa distinta es cuando un Partido da la instrucción y facilita los medios para que todos sus Testigos Electorales, que por cumplir FUNCIÓN PÚBLICA transitoria tienen acceso y movilidad libre dentro de los puestos, vistan una camiseta de color verde.
Por ejemplo, en un puesto de votación en el que haya 20 mesas, en teoría, habría 20 testigos verdes durante toda la jornada electoral. Una mente promedio que vea a 20 personas con uniforme camiseta verde, inferirá que el Partido Verde está haciendo “propaganda” dentro y fuera de los puestos de votación en un día de elecciones. A la luz de la norma citada, habría una infracción. Puede o no ser castigada por las autoridades, por la Policía, por la cultura, pero creo que la consciencia dicta que la habría.
Por encima de cualquier argumento, lo principal es leer la norma y sacar la conclusión que consciente y responsablemente más nos convenga y ella no necesariamente tiene que estar informada por la cantidad de votos que vamos a ganar o a perder en estas elecciones. Hay acciones políticas que pueden no dar sus frutos en estas elecciones sino en las de los próximos 100 o 200 años.
jueves 3 de septiembre de 2009
¿Qué voy a hacer yo?
Hay momentos decisivos para los cuerpos legislativos en los que deben mostrar su entereza y, pese a que sus miembros dejen de recibir beneficios personales o de partido, un parlamento debe ser el ejemplo para un pueblo y dar negativas a los gobernantes de turno, cuando ello sea lo correcto para la democracia.
El Congreso no pudo con un reto de carácter. Es cierto que el Pueblo firmó la iniciativa pero con otro texto y nuestro Congreso le enderezó el caminado, luego del garrafal error de los promotores del Referendo.
Ya que tenemos un Congreso que baila al son que le toque el Gobierno, es responsabilidad de los ciudadanos que estamos en desacuerdo con Uribe III, hacer lo que sea preciso para que no haya un tercer mandato.
No tengo rollos personales con este gobierno, por cierto, se que uno de los más fuertes aspirantes sería Santos y él es casi lo mismo que Uribe. Lo grave, a mi manera de ver no es que continuara la misma política sino el mismo político.
El costo que ha pagado la democracia por mantener en el poder a un adalid es incalculable y el que pagaría por volver a hacerlo sería desmesurado. No es un problema con este gobierno, lo mismo pensaría yo si el que se quisiera perpetuar fuera de otro color político.
¿Qué voy a hacer yo? Empiezo por escribir y publicar mi inconformismo y estaré abierto a generar ideas y colaborar con iniciativas que apunten a impedir la segunda reelección.
El Congreso no pudo con un reto de carácter. Es cierto que el Pueblo firmó la iniciativa pero con otro texto y nuestro Congreso le enderezó el caminado, luego del garrafal error de los promotores del Referendo.
Ya que tenemos un Congreso que baila al son que le toque el Gobierno, es responsabilidad de los ciudadanos que estamos en desacuerdo con Uribe III, hacer lo que sea preciso para que no haya un tercer mandato.
No tengo rollos personales con este gobierno, por cierto, se que uno de los más fuertes aspirantes sería Santos y él es casi lo mismo que Uribe. Lo grave, a mi manera de ver no es que continuara la misma política sino el mismo político.
El costo que ha pagado la democracia por mantener en el poder a un adalid es incalculable y el que pagaría por volver a hacerlo sería desmesurado. No es un problema con este gobierno, lo mismo pensaría yo si el que se quisiera perpetuar fuera de otro color político.
¿Qué voy a hacer yo? Empiezo por escribir y publicar mi inconformismo y estaré abierto a generar ideas y colaborar con iniciativas que apunten a impedir la segunda reelección.
miércoles 22 de abril de 2009
El porro terrorista
La modificación del artículo 49 de la Constitución está lista para primer debate en la Cámara de Representantes con ponencia favorable y al revisarla pude ver que por ningún lado se menciona aquel argumento que planteó el Presidente Uribe en la última conferencia de la ONU, en septiembre del año pasado, proponiendo un nexo causal próximo entre quienes compran una dosis personal de estupefacientes o psicotrópicos y el estallido de un carro bomba en nuestro país.
No hay duda que es astuto y mediáticamente efectivo por lo cinematográfico pero bajo ese rasero podríamos estar procesando por terrorismo a los consumidores de droga de todo el mundo.
Ni el proyecto presentado por el Gobierno ni la ponencia plantean este nexo con el terrorismo sino exponen razones de salud pública que responden a necesidades de resocialización y rehabilitación para los adictos y consumidores y plantean una solución que a la luz del conocimiento de los estudiosos de las adicciones, es absurda.
El tratamiento obligatorio para un adicto activo es un procedimiento que está llamado al fracaso. Si el tratamiento voluntario presenta altos grados de ineficacia, no se puede esperar mayor bondad de un tratamiento impuesto por la fuerza.
Pero ahí no para la cosa, el Estado no tiene la menor capacidad de respuesta institucional a un vertiginoso aumento en la demanda de tratamientos de adicciones e instalar capacidad para ello tiene costos fabulosos que no podrán ser asumidos de un plumazo porque no sólo el problema será de dinero, el rollo también será dónde conseguir la fenomenal cantidad de cupos para tratamiento que será preciso ofrecer cuando a cada consumidor se le encuentre una mínima cantidad de droga.
Ahora bien, la Constitución no es para esto, de pronto es para perpetuarse en el poder hasta cuando el cansancio obre pero este tema en una constitución es tanto como penalizar el hurto de celulares por vía constitucional porque de esa manera es más fácil y efectivo.
Es contradictorio que por un lado los funcionarios y allegados al Gobierno y entidades como el ICBF defiendan en campañas publicitarias y en intervenciones públicas el argumento del efecto terrorista de un porro y en lo formal, el proyecto de acto legislativo y la ponencia favorable sólo tocan el tema de salud. ¿Será que les dio vergüenza ponerlo en un texto formal o se les olvidó incluirlo? o ¿será que la estrategia consiste en que unos, por un lado promueven la histeria antiterrorista y otros desde sus honorables posiciones hablan de salud pública.?
Como dice la Chimoltrufia, “hay cosas que ni que”, la pelea contra las drogas está perdida mientras sean ilegales. Lamentablemente la historia ha tenido que legalizar actividades que se salen del control de los Estados. Por ejemplo el alcohol es legal y es una droga igual o más dañina que algunos estupefacientes y psicotrópicos. Pelear contra el consumo de drogas por medios represivos es ineficiente; combatir las adicciones es posible pero con programas y proyectos serios que ataquen las causas y no sólo los síntomas.
Si la despenalización de la dosis personal es una brecha para llegar a la legalización total, bienvenida y que se defienda porque los argumentos moralistas como los de Saúl y los del salvamento de voto a la sentencia del 94, no se compadecen de la realidad que presenta el mercado: con o sin prohibición el que quiera consumir lo hará.
No hay duda que es astuto y mediáticamente efectivo por lo cinematográfico pero bajo ese rasero podríamos estar procesando por terrorismo a los consumidores de droga de todo el mundo.
Ni el proyecto presentado por el Gobierno ni la ponencia plantean este nexo con el terrorismo sino exponen razones de salud pública que responden a necesidades de resocialización y rehabilitación para los adictos y consumidores y plantean una solución que a la luz del conocimiento de los estudiosos de las adicciones, es absurda.
El tratamiento obligatorio para un adicto activo es un procedimiento que está llamado al fracaso. Si el tratamiento voluntario presenta altos grados de ineficacia, no se puede esperar mayor bondad de un tratamiento impuesto por la fuerza.
Pero ahí no para la cosa, el Estado no tiene la menor capacidad de respuesta institucional a un vertiginoso aumento en la demanda de tratamientos de adicciones e instalar capacidad para ello tiene costos fabulosos que no podrán ser asumidos de un plumazo porque no sólo el problema será de dinero, el rollo también será dónde conseguir la fenomenal cantidad de cupos para tratamiento que será preciso ofrecer cuando a cada consumidor se le encuentre una mínima cantidad de droga.
Ahora bien, la Constitución no es para esto, de pronto es para perpetuarse en el poder hasta cuando el cansancio obre pero este tema en una constitución es tanto como penalizar el hurto de celulares por vía constitucional porque de esa manera es más fácil y efectivo.
Es contradictorio que por un lado los funcionarios y allegados al Gobierno y entidades como el ICBF defiendan en campañas publicitarias y en intervenciones públicas el argumento del efecto terrorista de un porro y en lo formal, el proyecto de acto legislativo y la ponencia favorable sólo tocan el tema de salud. ¿Será que les dio vergüenza ponerlo en un texto formal o se les olvidó incluirlo? o ¿será que la estrategia consiste en que unos, por un lado promueven la histeria antiterrorista y otros desde sus honorables posiciones hablan de salud pública.?
Como dice la Chimoltrufia, “hay cosas que ni que”, la pelea contra las drogas está perdida mientras sean ilegales. Lamentablemente la historia ha tenido que legalizar actividades que se salen del control de los Estados. Por ejemplo el alcohol es legal y es una droga igual o más dañina que algunos estupefacientes y psicotrópicos. Pelear contra el consumo de drogas por medios represivos es ineficiente; combatir las adicciones es posible pero con programas y proyectos serios que ataquen las causas y no sólo los síntomas.
Si la despenalización de la dosis personal es una brecha para llegar a la legalización total, bienvenida y que se defienda porque los argumentos moralistas como los de Saúl y los del salvamento de voto a la sentencia del 94, no se compadecen de la realidad que presenta el mercado: con o sin prohibición el que quiera consumir lo hará.
martes 31 de marzo de 2009
S. Hernández y la lega, legalización
Estaba revisando rápidamente EL TIEMPO por Internet y desprevenidamente abrí la columna de Salud Hernández sobre la despenalización de la dosis personal de droga. Empecé a leer y a percibir cierto tufillo reaccionario y moralista y al avanzar por este texto que parecía escrito por un supernumerario del Opus Dei, se me derrumbaba la gran imagen de Salud.
En buena hora terminé el estigmatizante dechado de improperios contra los “drogos” y al confirmar el nombre del autor de tremenda tontería respiré tranquilo al leer el nombre de Saúl y no de Salud Hernández. Me alegré porque Salud sigue en mis afectos pero me entristece que todavía haya columnistas como Saúl.
Al indagar más a fondo por Saúl Hernández recordé que un homónimo suyo fue el líder de los Caifanes de México. Saúl el rockero tenía una pinta de “drogo” que al colombiano Saúl haría persignarse pero su música es una buena muestra de calidad y creatividad, a diferencia de la columna del Colombiano.
Esta discusión les permite a los francotiradores morales disparar sus dedos en contra de unos y otros y a los defensores irreflexivos de la libertad los alienta a desahogarse contra los primeros. Lo importante sería desapasionar esta discusión y entender que los defensores de una u otra posición, no necesariamente son “drogos” ni santos, con minúscula porque con mayúscula habría una confusión.
Hay suficientes y respetables razones a los dos lados. Yo me inclino por la de la despenalización de la dosis personal porque de esa manera se sigue labrando el camino de la legalización y así se lograría un “cannabis de calidad y barato” y en ese momento el negocio se convertiría en una práctica empresarial de normales rendimientos. El negocio sería asumido por laboratorios sometidos a todos los controles y ello sería una garantía para los consumidores. Por cierto, en esas condiciones los mafiosos renunciarían y buscarían otra actividad ilegal.
El consumo de droga, alcohol, tabaco y demás sustancias y las enfermedades adictivas que ellos causan, así como la anorexia, la bulimia y demás desordenes similares se tratan con herramientas bien distintas a la represión. La prohibición es una estrategia mediática para mostrar “coherencia institucional” pero se gasta energía en un tema que no va a solucionar el problema y se deja de atender otras prioridades.
Sería inaceptable que esta cruzada contra la dosis personal, sea un ajuste de rencillas del gobierno contra el ex Magistrado y Presidente del Polo que fue el ponente de la sentencia de la dosis personal. Si así fuera que Dios los perdone.
En buena hora terminé el estigmatizante dechado de improperios contra los “drogos” y al confirmar el nombre del autor de tremenda tontería respiré tranquilo al leer el nombre de Saúl y no de Salud Hernández. Me alegré porque Salud sigue en mis afectos pero me entristece que todavía haya columnistas como Saúl.
Al indagar más a fondo por Saúl Hernández recordé que un homónimo suyo fue el líder de los Caifanes de México. Saúl el rockero tenía una pinta de “drogo” que al colombiano Saúl haría persignarse pero su música es una buena muestra de calidad y creatividad, a diferencia de la columna del Colombiano.
Esta discusión les permite a los francotiradores morales disparar sus dedos en contra de unos y otros y a los defensores irreflexivos de la libertad los alienta a desahogarse contra los primeros. Lo importante sería desapasionar esta discusión y entender que los defensores de una u otra posición, no necesariamente son “drogos” ni santos, con minúscula porque con mayúscula habría una confusión.
Hay suficientes y respetables razones a los dos lados. Yo me inclino por la de la despenalización de la dosis personal porque de esa manera se sigue labrando el camino de la legalización y así se lograría un “cannabis de calidad y barato” y en ese momento el negocio se convertiría en una práctica empresarial de normales rendimientos. El negocio sería asumido por laboratorios sometidos a todos los controles y ello sería una garantía para los consumidores. Por cierto, en esas condiciones los mafiosos renunciarían y buscarían otra actividad ilegal.
El consumo de droga, alcohol, tabaco y demás sustancias y las enfermedades adictivas que ellos causan, así como la anorexia, la bulimia y demás desordenes similares se tratan con herramientas bien distintas a la represión. La prohibición es una estrategia mediática para mostrar “coherencia institucional” pero se gasta energía en un tema que no va a solucionar el problema y se deja de atender otras prioridades.
Sería inaceptable que esta cruzada contra la dosis personal, sea un ajuste de rencillas del gobierno contra el ex Magistrado y Presidente del Polo que fue el ponente de la sentencia de la dosis personal. Si así fuera que Dios los perdone.
domingo 2 de noviembre de 2008
Bien Decente
Siempre he cuestionado vehementemente el uso de la expresión “bien” cuando con ella se pretende aludir a la posición socioeconómica y familiar de alguien. Me he puesto a indagar, sin parecer muy inquisitivo para lograr la anuencia de quienes la usan y me he dado cuenta que es un concepto difícil de definir y cuando se vuelve sinónimo del adjetivo “decente”, la cosa se complica más.
En estricto español “bien” y “decente” son expresiones que describen características mucho más elevadas que la simple riqueza o abolengo. También se suele hablar de un concepto más sospechoso aún y es el de “buena familia”. Generalmente quienes están en las “buenas familias” son “bien” y muy “decentes” y sólo quienes creen que están en esa gran categoría tienen derecho a incluir o excluir a alguien de ella.
De esta manera, no importa cuan disfuncional sea la familia, esta sigue siendo “buena” si la mayoría de los que son “bien” así lo consideran y es irrelevante si la jefa de la casa es una reconocida ladrona de cuello blanco o el jefe del hogar es un explotador pseudoesclavista de sus empleados porque nunca dejarán de ser “decentes”.
Mi trabajo diario consiste en alejarme un poco más de estas sucias denominaciones porque lo que más asco me dan es que pese a generar reacción adversa en mí, las entiendo perfectamente y eso me avergüenza.
En estricto español “bien” y “decente” son expresiones que describen características mucho más elevadas que la simple riqueza o abolengo. También se suele hablar de un concepto más sospechoso aún y es el de “buena familia”. Generalmente quienes están en las “buenas familias” son “bien” y muy “decentes” y sólo quienes creen que están en esa gran categoría tienen derecho a incluir o excluir a alguien de ella.
De esta manera, no importa cuan disfuncional sea la familia, esta sigue siendo “buena” si la mayoría de los que son “bien” así lo consideran y es irrelevante si la jefa de la casa es una reconocida ladrona de cuello blanco o el jefe del hogar es un explotador pseudoesclavista de sus empleados porque nunca dejarán de ser “decentes”.
Mi trabajo diario consiste en alejarme un poco más de estas sucias denominaciones porque lo que más asco me dan es que pese a generar reacción adversa en mí, las entiendo perfectamente y eso me avergüenza.
lunes 7 de julio de 2008
Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa
Una cosa es la felicidad infinita que sentí cuando me enteré de la liberación de 15 de los secuestrados.
Una cosa es que la operación sea el mayor éxito militar que ha tenido la Política de Seguridad Democrática.
Una cosa es que estos resultados son el producto del trabajo incansable y organizado del Estado, del anterior gobierno, del Presidente, del Ministro, de los generales y de todos los héroes que integran la fuerza pública y que se sacrifican diariamente.
Una cosa es que las FARC, al perder a Ingrid y a los norteamericanos, quedaron sin sus mayores fichas de negociación y, gracias a Dios, continúan su camino a la desaparición.
Una cosa es que los índices de popularidad del gobierno y del Presidente se hayan disparado a raíz de la exitosa operación.
Otra cosa es que con este potente golpe a las FARC se deba olvidar que el gobierno está en su peor crisis de legitimidad debido al caso de Yidis Medina y todas las sospechas que este genera.
Otra cosa es que el gobierno compre su legitimidad a punta de golpes militares contra los terroristas.
Otra cosa es que haya que aceptar frases desfachatadas como las pronunciadas por el primer mandatario cuando insistía vehementemente en que la “justicia emana del pueblo”, que artista del populismo.
Otra cosa es que el Presidente se sienta con el derecho de ofender gravemente a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y así continuar con la desinstitucionalización que está propiciando desde el fallo de Yidis.
Otra cosa es que el Presidente insista, luego de la negativa de la Corte Constitucional de revisar su sentencia, en convocar un referendo para repetir la elección del 2006 con el único fin de lavar sus culpas a través de la sabiduría de las mayorías.
Otra cosa es que el caso de Yidis muestra la forma como actúa este gobierno y ello demuestra que no cumplió sus promesas electorales contra la politiquería y la corrupción.
Una cosa es que cause júbilo ver a los 15 liberados y otra cosa es saber que quedan entre 2000 y 3000 cautivos por estos insensatos.
Una cosa es que la operación sea el mayor éxito militar que ha tenido la Política de Seguridad Democrática.
Una cosa es que estos resultados son el producto del trabajo incansable y organizado del Estado, del anterior gobierno, del Presidente, del Ministro, de los generales y de todos los héroes que integran la fuerza pública y que se sacrifican diariamente.
Una cosa es que las FARC, al perder a Ingrid y a los norteamericanos, quedaron sin sus mayores fichas de negociación y, gracias a Dios, continúan su camino a la desaparición.
Una cosa es que los índices de popularidad del gobierno y del Presidente se hayan disparado a raíz de la exitosa operación.
Otra cosa es que con este potente golpe a las FARC se deba olvidar que el gobierno está en su peor crisis de legitimidad debido al caso de Yidis Medina y todas las sospechas que este genera.
Otra cosa es que el gobierno compre su legitimidad a punta de golpes militares contra los terroristas.
Otra cosa es que haya que aceptar frases desfachatadas como las pronunciadas por el primer mandatario cuando insistía vehementemente en que la “justicia emana del pueblo”, que artista del populismo.
Otra cosa es que el Presidente se sienta con el derecho de ofender gravemente a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y así continuar con la desinstitucionalización que está propiciando desde el fallo de Yidis.
Otra cosa es que el Presidente insista, luego de la negativa de la Corte Constitucional de revisar su sentencia, en convocar un referendo para repetir la elección del 2006 con el único fin de lavar sus culpas a través de la sabiduría de las mayorías.
Otra cosa es que el caso de Yidis muestra la forma como actúa este gobierno y ello demuestra que no cumplió sus promesas electorales contra la politiquería y la corrupción.
Una cosa es que cause júbilo ver a los 15 liberados y otra cosa es saber que quedan entre 2000 y 3000 cautivos por estos insensatos.
lunes 3 de marzo de 2008
Yo también soy una víctima
Al iniciar la “Jornada de Vigilia LAS VÍCTIMAS SOMOS TODOS” que empezó a las 3:00 PM de ayer y terminó hacia las 11:00 PM. Se leyeron testimonios de víctimas de la violencia, Antanas Mockus me iluminó con un sentimiento muy suficiente para describir mi sentimiento por Luis Edgar Devia Silva: INDIGNACIÓN.
Sólo Dios y yo sabemos que cuando supe la noticia de su muerte en un operativo de guerra, sentí compasión por él y su familia. Luego seguí reflexionando y empecé a oír reacciones de felicidad por su deceso en combate y no me pude contagiar de ese sentimiento porque, aunque me indigna profundamente, no lo puedo odiar. Me asquea su historial criminal y barbárico pero no lo puedo odiar.
El tristemente célebre “Raúl Reyes” también era un ser humano igual al soldado caído en el operativo y a todos los demás que han muerto en esta guerra de mierda. Veo con horror que nos alegremos por la muerte de un ser humano. Sin duda, el Estado debe proteger la democracia constitucional y sin duda es un triunfo para el Estado dar de baja a un criminal de esta envergadura, pero dejémosle al Estado la penosa tarea de alegrarse por la muerte de un ser humano. Esa tarea le corresponde porque en el pacto constitucional le entregamos el uso exclusivo de la fuerza y sin duda fue un exitoso uso de la violencia legítima.
La “seguridad democrática” triunfó. Es entendible la cara de felicidad del General Naranjo, durante la alocución del Ministro Santos, que en su condición de jefe de policía debe celebrar el cumplimiento del deber pero en su condición de ciudadano debe dolerse de estar obligado a matar seres humanos. La situación ideal sería que el Estado no matara a diestra y siniestra pero mientras esté en peligro el orden constitucional, es legítimo usar la violencia para defenderlo.
El uso de la violencia del Estado sólo puede ejecutarse por medio de la más rigurosa aplicación de los procedimientos legales. Es de suponerse que cuando se va a poner en juego la vida, la integridad o la libertad de un presunto delincuente, el Estado debe estar informado por los derechos y garantías que tenemos los ciudadanos. De lo contrario se incurrirá en lo que se conoce como crímenes de estado.
El 6 de marzo marcharé como homenaje a las víctimas del paramilitarismo y de los crímenes de estado. Seguiré marchando para homenajear a todas las víctimas de todos los generadores de violencia, incluyéndome a mí, porque sin hacerme la víctima: yo también soy una víctima.
Sólo Dios y yo sabemos que cuando supe la noticia de su muerte en un operativo de guerra, sentí compasión por él y su familia. Luego seguí reflexionando y empecé a oír reacciones de felicidad por su deceso en combate y no me pude contagiar de ese sentimiento porque, aunque me indigna profundamente, no lo puedo odiar. Me asquea su historial criminal y barbárico pero no lo puedo odiar.
El tristemente célebre “Raúl Reyes” también era un ser humano igual al soldado caído en el operativo y a todos los demás que han muerto en esta guerra de mierda. Veo con horror que nos alegremos por la muerte de un ser humano. Sin duda, el Estado debe proteger la democracia constitucional y sin duda es un triunfo para el Estado dar de baja a un criminal de esta envergadura, pero dejémosle al Estado la penosa tarea de alegrarse por la muerte de un ser humano. Esa tarea le corresponde porque en el pacto constitucional le entregamos el uso exclusivo de la fuerza y sin duda fue un exitoso uso de la violencia legítima.
La “seguridad democrática” triunfó. Es entendible la cara de felicidad del General Naranjo, durante la alocución del Ministro Santos, que en su condición de jefe de policía debe celebrar el cumplimiento del deber pero en su condición de ciudadano debe dolerse de estar obligado a matar seres humanos. La situación ideal sería que el Estado no matara a diestra y siniestra pero mientras esté en peligro el orden constitucional, es legítimo usar la violencia para defenderlo.
El uso de la violencia del Estado sólo puede ejecutarse por medio de la más rigurosa aplicación de los procedimientos legales. Es de suponerse que cuando se va a poner en juego la vida, la integridad o la libertad de un presunto delincuente, el Estado debe estar informado por los derechos y garantías que tenemos los ciudadanos. De lo contrario se incurrirá en lo que se conoce como crímenes de estado.
El 6 de marzo marcharé como homenaje a las víctimas del paramilitarismo y de los crímenes de estado. Seguiré marchando para homenajear a todas las víctimas de todos los generadores de violencia, incluyéndome a mí, porque sin hacerme la víctima: yo también soy una víctima.
viernes 29 de febrero de 2008
Altruismo
Altruismo: RAE: Diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio.
Buchannon, en uno de sus ataques de nitidez filosófica, en sus paseos por las playas de Malibú, me enseño que para salvar a los demás es necesario, primero, salvarse uno mismo porque si uno se muere hay dos muertos. Si uno se salva hay sólo uno y la posibilidad de salvar al segundo y a los demás.
Los salvavidas, como Mitch, al estar en una situación de peligro como un rescate bajo un muelle, con el mar movido y habiendo peligro de estrellarse contra los pilotes, deben poner como escudo al rescatado contra estos.
Aunque el profesor Mitch Buchannon no debe ser recordado por muchos intelectuales exquisitos, a mí se me viene a la cabeza esa sencilla enseñanza que tiene tanto de largo como de ancho pero que es legítimo aplicar en su integridad.
No es un postulado de egoísmo, es simple pragmatismo y es aplicable para todos los que creemos que estamos haciendo cosas que eventualmente van a ayudar a los demás.
Los efectos son variados pero hay dos que llaman mi atención: 1) Nadie es altruista en los términos de la RAE y si lo fuera está incurriendo en masoquismo. 2) La primera consideración consciente o subconsciente para ayudar a los demás es el beneficio propio y luego pueden venir todas las demás que a uno se le ocurran.
Es molesta la búsqueda acérrima de agradecimientos cuando la gente ayuda. La búsqueda de protagonismos y fama por haber ayudado. Si uno ayuda lo hace porque se le pega la real gana y es suficiente con la tranquilidad que causa saber que uno ayudó.
Igualmente debe haber responsabilidades para quien ayuda. Así sea gratis, si uno va a ayudar, ayuda bien, o mejor no ayuda.
Se seguirá explorando el tema y en una próxima entrada lo bajaré a efectos prácticos.
Buchannon, en uno de sus ataques de nitidez filosófica, en sus paseos por las playas de Malibú, me enseño que para salvar a los demás es necesario, primero, salvarse uno mismo porque si uno se muere hay dos muertos. Si uno se salva hay sólo uno y la posibilidad de salvar al segundo y a los demás.
Los salvavidas, como Mitch, al estar en una situación de peligro como un rescate bajo un muelle, con el mar movido y habiendo peligro de estrellarse contra los pilotes, deben poner como escudo al rescatado contra estos.
Aunque el profesor Mitch Buchannon no debe ser recordado por muchos intelectuales exquisitos, a mí se me viene a la cabeza esa sencilla enseñanza que tiene tanto de largo como de ancho pero que es legítimo aplicar en su integridad.
No es un postulado de egoísmo, es simple pragmatismo y es aplicable para todos los que creemos que estamos haciendo cosas que eventualmente van a ayudar a los demás.
Los efectos son variados pero hay dos que llaman mi atención: 1) Nadie es altruista en los términos de la RAE y si lo fuera está incurriendo en masoquismo. 2) La primera consideración consciente o subconsciente para ayudar a los demás es el beneficio propio y luego pueden venir todas las demás que a uno se le ocurran.
Es molesta la búsqueda acérrima de agradecimientos cuando la gente ayuda. La búsqueda de protagonismos y fama por haber ayudado. Si uno ayuda lo hace porque se le pega la real gana y es suficiente con la tranquilidad que causa saber que uno ayudó.
Igualmente debe haber responsabilidades para quien ayuda. Así sea gratis, si uno va a ayudar, ayuda bien, o mejor no ayuda.
Se seguirá explorando el tema y en una próxima entrada lo bajaré a efectos prácticos.
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