Siempre he cuestionado vehementemente el uso de la expresión “bien” cuando con ella se pretende aludir a la posición socioeconómica y familiar de alguien. Me he puesto a indagar, sin parecer muy inquisitivo para lograr la anuencia de quienes la usan y me he dado cuenta que es un concepto difícil de definir y cuando se vuelve sinónimo del adjetivo “decente”, la cosa se complica más.
En estricto español “bien” y “decente” son expresiones que describen características mucho más elevadas que la simple riqueza o abolengo. También se suele hablar de un concepto más sospechoso aún y es el de “buena familia”. Generalmente quienes están en las “buenas familias” son “bien” y muy “decentes” y sólo quienes creen que están en esa gran categoría tienen derecho a incluir o excluir a alguien de ella.
De esta manera, no importa cuan disfuncional sea la familia, esta sigue siendo “buena” si la mayoría de los que son “bien” así lo consideran y es irrelevante si la jefa de la casa es una reconocida ladrona de cuello blanco o el jefe del hogar es un explotador pseudoesclavista de sus empleados porque nunca dejarán de ser “decentes”.
Mi trabajo diario consiste en alejarme un poco más de estas sucias denominaciones porque lo que más asco me dan es que pese a generar reacción adversa en mí, las entiendo perfectamente y eso me avergüenza.
domingo 2 de noviembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



2 comentarios:
Por ejemplo, Isaza es decente, pero el Pipa de Ávila no lo es.
qué buen blog, por aquí vuelvo.
Publicar un comentario en la entrada