jueves 31 de enero de 2008

La Marcha del 4 de febrero



Para proteger mi salud emocional, desde la liberación de Clara y Consuelo he intentado, sin suerte, no enterarme de las noticias y eventos que han surgido al respecto y de todas las demás consecuencias.

Al recibir la invitación a la marcha, que sin duda fue consecuencia directa de las desafortunadas actuaciones en torno a Emmanuel y las otras dos secuestradas liberadas, entré en conflicto porque aunque es loable la intención de la marcha, al profundizar, el mensaje resulta confuso.

El titulo principal del evento es “GRAN MARCHA NACIONAL POR LA PAZ”, que bien hubieran hecho sus organizadores dejándolo así. Lamentablemente se dejaron tentar por la coyuntura y subtitularon con “GRAN MARCHA MUNDIAL EN CONTRA DE LAS FARC”. Con eso, fue suficiente para que la marcha generara diversidad de opiniones, tanto que, algunos sectores de la sociedad civil empezaron a dudar sobre si debían participar en el gran evento.

El subtítulo también se puede interpretar por muchos y dentro del momento que se está viviendo, como un apoyo frentero al gobierno y como se ha visto, al Presidente y eso también generó ruidos innecesarios para una causa tan legítima.

Con el paso de los días se han podido ver diferentes manifestaciones sobre la marcha y cada quién ha pretendido enfocarla a su manera. Unos reprochan las actitudes de Chavez y Piedad, otros apoyan ciegamente al Presidente, algunos incluyen el tema de acuerdo humanitario, las familias de los secuestrados temen que las FARC tomen represalias y no pocos usan expresiones abiertamente violentas e insultantes en contra de unos y otros. También es de mencionar que hasta se ha visto un enfoque comercial de personas que en el rebusque están vendiendo camisetas y se preparan para cuadrar su mes gracias a las aglomeraciones de ese día.

Lamentablemente los Partidos ya están dentro del escenario y ello es innecesario e inconveniente para la marcha.

Los ánimos están alterados y, Dios no lo quiera, ese día se pueden presentar enfrentamientos entre los de un lado y los del otro o entre los que se expresan de manera violenta y los que no o los que sea y ello sólo ocurriría porque el discurso en torno a la marcha no es claro y con el paso de los días se ha enrarecido cada vez más.

Ahora bien, la imagen que se diseñó para la marcha lleva cuatro mensajes bien contundentes: “NO MAS SECUESTROS”, “NO MAS MENTIRAS”, “NO MAS MUERTES”, “NO MAS FARC”. No es necesario ser un genio de la semántica o un intérprete de mensajes publicitarios para concluir que las cuatro frases en su conjunto son una reacción a los últimos sucesos y una posición fuerte de rechazo a las FARC.

Pocos llegan a ser tan obtusos como para no reprochar la barbarie de las FARC pero no sólo ahí está el problema. El rechazo debe ser a cualquier manifestación violenta. No se plantea que se debe rechazar el legítimo uso de la violencia que ejerce el Estado en contra de los grupos ilegales pero si se puede insistir en que sólo la acción por medio de las armas no va a acabar con el problema. Eso si, se deben rechazar con todo fervor, las expresiones violentas de los particulares así sean en contra de las FARC, del ELN, de los Paramilitares o de quien sea, por buenos o malos que se consideren.

Creo que la sociedad civil no debe escoger un enemigo como las FARC porque quien los tiene que neutralizar es el Estado y por cierto poco o nada modifican estas marchas las posiciones de los jefes guerrilleros. La sociedad civil debe reprochar la acción de todos los violentos: de los grupos guerrilleros, de los paramilitares (desmantelados o no), de los mafiosos (de armas, drogas, etc.) de los corruptos, en fin, de todos los generadores de violencia.

La mejor manera de reprocharlos es buscando la paz y no ensañándose contra algún actor, generando cohesión social nacida del pueblo sin distingos políticos, acordar un punto fundamental y es la búsqueda de la paz por medio de la resistencia civil.

Sin duda es muy fácil criticar pero lo que es claro en este momento es que la marcha va a ocurrir tal como se ha previsto y es digno de felicitación el esfuerzo de los organizadores. Sólo se pretende generar algo de reflexión para futuras iniciativas en las que, insisto, se debe sólo proponer que la sociedad civil se manifieste masivamente y de la manera más pacífica posible. No en contra de algo o alguien sino a favor de la paz.

Mi actitud será salir a la calle de camisa blanca, en el mayor silencio posible y aunque tenga diferencias, como ha quedado claro, sumar mi presencia a la manifestación, con la esperanza de que en el futuro y para nuevos eventos se replanteen los mensajes.

martes 22 de enero de 2008

Justificación

En Colombia, la democracia sólo va a funcionar bien cuando tengamos partidos fuertes que representen a la mayor cantidad de ciudadanos, partidos de los que se sienta orgullo decir que se pertenece, de los que organizan e interpretan el sentir del pueblo para que por medio de sus representantes en el Estado se satisfagan las necesidades y deseos.

En ese orden, todos los ciudadanos deben pertenecer a un Partido, para participar y tener más cercanía con quienes los representan y que la comunicación entre los ciudadanos y los políticos sea más organizada y menos atomizada y por ende más nutrida y fructífera.

Aunque la participación por medio del voto es fundamental y útil, el sistema de partidos puede ser parte de la solución a muchas asimetrías de poder ya que los ciudadanos tendrían la posibilidad de influir en su destino de una manera más certera.

En abril del año pasado, en un ataque adolescente, decidí que me la iba a jugar por el Partido Conservador, sabiendo sobre quienes hacen parte de él, sabiendo que hay muchos integrantes que me dan asco, sabiendo que hay parte de sus posiciones públicas que no comparto, pero el análisis para escoger la C azul fue muy sencillo y, porque no decirlo, irresponsable.

Al indagar sobre la gama de opciones de partidos que había en ese momento y sabiendo que gracias a las reformas de los últimos años ya no tenemos el abominable número de sesenta y tantos partidos y movimientos, quise estudiar los planteamientos de las diferentes colectividades para terminar concluyendo que buena parte de ellos son el proyecto personal de varios caudillos, respetables unos y otros no tanto, como Luís Alberto Gil con Convergencia Ciudadana, Germán Vargas Lleras con Cambio Radical, Álvaro Uribe Vélez o quienes se sienten sus escuderos con el Partido de la U, Luís Alfredo Ramos y Araujo con Alas Equipo Colombia, entre otros. Igualmente buena parte de ellos los percibí como simples asociaciones electorales.

También me encontré con opciones claramente informadas por la religión como MIRA, al mando de Alexandra Moreno Piraquive, pero esa mezcla tan explicita entre las dos espadas, la de Dios y la del Rey, no me llama la atención.

Al final, terminé concluyendo que las opciones que más me llamaban la atención por su bajo carácter personalista y porque parecían tener una ideología pensada en abstracto y no para el acomodo de algún caudillo eran el Partido Liberal, el Partido Conservador y el Polo Democrático Alternativo.

A primera vista y sin hacer mayor análisis se podría pensar que el colora azul representa a la derecha, el rojo al centro y el amarillo a la izquierda y esa podría ser una buena manera de organizar los sentires políticos.

Al hacer esta reflexión me devolví un poco en el tiempo y recordé que la clasificación de derecha e izquierda se instituyó por razones más de concepción del Estado y posición económica que cualquier otra cosa.

Siendo así, ausculté en mis preferencias en estos temas y me di cuenta que confío inmensamente en la fuerza distributiva del mercado, entendido como tal y no como las mafias que se generan debido a la mentalidad corrupta que nos invade. Creo que el Estado debe ser lo más pequeño posible, creo que los servicios (generalmente) son más eficientes cuando se prestan por particulares, tengo reparos grandes a los sistemas de subsidios pero los apoyo cuando hay razones superiores para establecerlos y aunque creo todo esto, estoy seguro que se necesita algo de intervención del Estado y más en sistemas subdesarrollados como el nuestro, que en la medida que vaya avanzando, debe ser desregulado gradualmente.

Al mirar las ideologías y los comportamientos de los partidos en lo últimos años, máxime cuando el Polo se dice de izquierda y el Partido Liberal se dice de izquierda matizada y pertenece a la Internacional Socialista, mi única opción desde esta perspectiva era el Partido Conservador. La verdad es que la izquierda poco me seduce aunque la respeto y creo que en Colombia se está organizando muy acertadamente.

Bajo el convencimiento de que los ciudadanos debemos pertenecer a un partido, solicité la afiliación a esa colectividad, al Partido Conservador, sabiendo que no comparto la visión en el tema de libertades como sus posiciones sobre las preferencias sexuales, sobre el aborto, la eutanasia, la cercanía con la Iglesia Católica, etc. Y sabiendo que reprocho actitudes como la del expresidente de la Cámara y miembro del partido, Alfredo Cuello, que hizo hasta lo imposible para torpedear el proyecto de Ley de reconocimiento de derechos a las parejas homosexuales.

Paso seguido y con el fin de participar activamente, decidí someterme a las urnas para la elección del Directorio Distrital Conservador y así empezar a influir en las decisiones de mi partido. No fue sino tomar la decisión para enterarme que dentro del partido había una corriente que pretendía evitar esas elecciones, por razones diversas, y de hecho en una reunión con las directivas del partido tuve un pequeño y respetuoso enfrentamiento verbal con el Concejal Severo Correa que tenía sus cositas bien organizadas y no le interesaba cambiar el “régimen”, para usar los términos de un gran Conservador: Álvaro Gómez Hurtado.

En fin, las elecciones fueron canceladas y triunfó Severo y otros más que les gustaba así la cosa. No se nada puntual de Severo ni de los demás pero estoy seguros que no me gustan y no me gusta su forma de hacer política. De hecho quienes triunfaron luego en las elecciones de octubre fueron Severo y otros dos caciques que para mí representan una manera de hacer política que no comparto: la de los votos amarrados, la de la maquinaria, la de la ausencia de ideas, la de la transacción mercantil de votos, la de las lechonas, etc.

Lamentablemente cuando empecé la disquisición sobre la escogencia de partido, Visionarios por Colombia había perdido su carácter de tal, no tenía intenciones de poder y yo estaba buscando eso, pero sin lugar a dudas y dejándolo claro de una vez, mi visión de la política es la que propone ese grupo.

No tengo ningún reparo en afirmar que quiero llegar al poder, poco a poco, y que sin duda en mi perfil sicológico es fácilmente detectable que tengo inclinación hacia el mando. Pero no sólo por querer mandar sino porque quiero imprimir mi manera de pensar y de de hacer las cosas a la administración pública y poco a poco ir aportando pequeñas píldoras e irlas multiplicando.

Ahora que no hay elecciones a la vista he hecho un análisis más frío de la situación y sin el afán adolescente que caracterizó mi decisión he concluido que me siento ajeno a ese partido, que hay mucha gente que me molesta en ese partido, que al igual que el Liberal son instituciones que huelen a rancio, que los respeto pero creo no tener mucho que hacer dentro de ellos, que quiero hacer política pero de la manera como yo me sienta bien y sin sentir que tengo que hacer algo que no comparto por el simple hecho de que mi partido lo ordena.

Puedo recuperar muchas cosas de mi Manifiesto sin tener que pertenecer a un partido:

“Creo en Dios como yo lo concibo, igualmente creo en la gente y me gusta enamorarme de las buenas mujeres; amo a mi país, mi ciudad, mi familia, mis amigos y hasta a mis enemigos.

En fin, “me gusta la gente” , me gusta la comida, me gusta fumar cigarrillos Pielroja, me gusta el placer sin excesos. Creo que todo se puede mejorar cada día más. Hay mucho trabajo por hacer, conservando lo correcto y modificando lo incorrecto.”

“Defiendo la propiedad privada, la libertad y la igualdad en todas sus acepciones, reprocho las dictaduras y las vías de hecho, confío en el orden y en los procedimientos previamente establecidos y defiendo el concepto de seguridad humana.

Confío moderadamente en la ciencia y elogio el sentido común.”

De hecho sólo me tocó quitarle un párrafo y ahora me siento mucho más tranquilo sin cargar la C Azul dentro de la billetera pero esperando encontrar una colectividad en la que me sienta cómodo y que tenga opciones de llegar al poder. Mientras tanto haré política independiente, aunque sea un contrasentido a mi planteamiento inicial pero este no puede ser tan rígido como para tener que pertenecer a un partido en el que no me hallo.

Este blog será una manera de desahogarme, de someter a la consideración de los lectores mis planteamientos y se reciben críticas desde lo más básico de la ortografía, redacción, gramática y estilo, hasta lo más profundo de los planteamientos ideológicos que voy a hacer a partir de la publicación de esta entrada.

lunes 21 de enero de 2008

Renuncia a la C Azul

Manifiesto Adolescente

Bogotá D.C., Abril 26 de 2007

Amigos:

Saludo.

Después de un proceso largo y tortuoso he llegado a un momento de definiciones.

Creo en Dios como yo lo concibo, igualmente creo en la gente y me gusta enamorarme de las buenas mujeres; amo a mi país, mi ciudad, mi familia, mis amigos y hasta a mis enemigos.

En fin, “me gusta la gente” , me gusta la comida, me gusta fumar cigarrillos Pielroja, me gusta el placer sin excesos. Creo que todo se puede mejorar cada día más. Hay mucho trabajo por hacer, conservando lo correcto y modificando lo incorrecto.

Lo más importante para la coyuntura actual es que soy orgullosamente Conservador, como El Libertador, como Caro y Ospina, como Álvaro Gómez y como mi papá.

Defiendo la propiedad privada, la libertad y la igualdad en todas sus acepciones, reprocho las dictaduras y las vías de hecho, confío en el orden y en los procedimientos previamente establecidos y defiendo el concepto de seguridad humana.

Confío moderadamente en la ciencia y elogio el sentido común.

Sinceramente


Camilo Isaza Herrera
Ciudadano del común