sábado 29 de marzo de 2008

jueves 13 de marzo de 2008

Rescate Civil

El rescate civil no puede ser entendido únicamente como la acción de ir hasta los sitios de encierro de los secuestrados para exigir pacíficamente su liberación. Debería tener un alcance más amplio.


Colombia debe ser rescatada de la violencia.

Para ello hay que aprender y enseñar la paz y obligar a los violentos a actuar pacíficamente. (Algo así cantaba VISIONARIOS en la última marcha)

La sociedad civil debe organizarse en torno a un solo objetivo y es el de buscar la paz y deplorar la violencia. Sería deseable que la pugna no fuera contra alguno de los actores violentos sino contra la violencia y a favor de la paz.

Es hora de consolidar una sociedad civil organizada y fuerte que no se ocupe de temas diversos sino de la búsqueda de la paz.

No cabe duda que esta iniciativa es política pero sin sectarismo; cualquier partido que opere en una democracia moderna está de acuerdo en que lo más importante es la vida y la libertad.

Ahora bien, los miembros de todos los partidos y organizaciones deben estar bienvenidos pero sería deseable que dejaran sus camisetas amarillas, azules y rojas para usar sólo una negra para demostrar el luto o una blanca para exigir la paz.


Se debe pensar seriamente en la necesidad de usar la camiseta, no sólo en las ciudades sino llegar hasta donde sea necesario y exigir a los violentos, por ejemplo, que liberen a los secuestrados.


El valor simbólico y mediático de las dos últimas marchas es inefable pero la coyuntura reviste tal gravedad que se debe encausar esa energía en acciones que tengan efectos tangibles.

jueves 6 de marzo de 2008

lunes 3 de marzo de 2008

Yo también soy una víctima

Al iniciar la “Jornada de Vigilia LAS VÍCTIMAS SOMOS TODOS” que empezó a las 3:00 PM de ayer y terminó hacia las 11:00 PM. Se leyeron testimonios de víctimas de la violencia, Antanas Mockus me iluminó con un sentimiento muy suficiente para describir mi sentimiento por Luis Edgar Devia Silva: INDIGNACIÓN.

Sólo Dios y yo sabemos que cuando supe la noticia de su muerte en un operativo de guerra, sentí compasión por él y su familia. Luego seguí reflexionando y empecé a oír reacciones de felicidad por su deceso en combate y no me pude contagiar de ese sentimiento porque, aunque me indigna profundamente, no lo puedo odiar. Me asquea su historial criminal y barbárico pero no lo puedo odiar.

El tristemente célebre “Raúl Reyes” también era un ser humano igual al soldado caído en el operativo y a todos los demás que han muerto en esta guerra de mierda. Veo con horror que nos alegremos por la muerte de un ser humano. Sin duda, el Estado debe proteger la democracia constitucional y sin duda es un triunfo para el Estado dar de baja a un criminal de esta envergadura, pero dejémosle al Estado la penosa tarea de alegrarse por la muerte de un ser humano. Esa tarea le corresponde porque en el pacto constitucional le entregamos el uso exclusivo de la fuerza y sin duda fue un exitoso uso de la violencia legítima.

La “seguridad democrática” triunfó. Es entendible la cara de felicidad del General Naranjo, durante la alocución del Ministro Santos, que en su condición de jefe de policía debe celebrar el cumplimiento del deber pero en su condición de ciudadano debe dolerse de estar obligado a matar seres humanos. La situación ideal sería que el Estado no matara a diestra y siniestra pero mientras esté en peligro el orden constitucional, es legítimo usar la violencia para defenderlo.

El uso de la violencia del Estado sólo puede ejecutarse por medio de la más rigurosa aplicación de los procedimientos legales. Es de suponerse que cuando se va a poner en juego la vida, la integridad o la libertad de un presunto delincuente, el Estado debe estar informado por los derechos y garantías que tenemos los ciudadanos. De lo contrario se incurrirá en lo que se conoce como crímenes de estado.

El 6 de marzo marcharé como homenaje a las víctimas del paramilitarismo y de los crímenes de estado. Seguiré marchando para homenajear a todas las víctimas de todos los generadores de violencia, incluyéndome a mí, porque sin hacerme la víctima: yo también soy una víctima.