La Corte Suprema de Justicia estaba obligada a fallar sobre el caso Yidis. La condenó y sin necesidad de acudir a desbordante inteligencia ni a un gigante criterio jurídico, al condenarla, es necesario que los demás implicados sean investigados y juzgados.
Puede que La Corte Suprema hubiese usado la sentencia contra Yidis para meterle tamaño regaño al gobierno con frases celebres como la de Jefferson que le habla directamente a nuestros administradores al decirles “Los fines políticos no justifican medios inmorales.” El alto tribunal debe evitar las argumentaciones ajenas a los fallos en derecho pero teniendo en cuenta que por su nariz estaban pasando eventos horrendos, decidió no guardar silencio y motivar la razón por la que decidió remitir el caso a diferentes instancias competentes para investigar y juzgar a los eventuales responsables.
Obviamente uno de los implicados es el gobierno y como este no es un sujeto procesal desde la perspectiva penal ni disciplinaria, pues deben ser procesados los funcionarios que presuntamente participaron en el cohecho de Yidis.
Lo anterior preocupa al gobierno pero no tanto como que se le hubiera dado cuenta a la Corte Constitucional ya que esta podría tener que revisar el fallo que viabilizó la reelección. Este procedimiento sería inédito en la historia jurídica colombiana y las consecuencias serían insospechadas y, Dios no lo quiera, catastróficas.
Si la Corte Constitucional encontrara, con las nuevas pruebas, que el Acto Legislativo de reelección es inconstitucional sería necesario empezar a deshacer todo lo ocurrido desde el momento de la sentencia y ello nos llevaría, después de muchos análisis, a concluir que el actual gobierno carece de legitimidad. Ello podría ser el detonante para que el Presidente iniciara actitudes dictatoriales como desconocer los mandatos de la Justicia y hasta clausurarla y perpetuar un gobierno que ya parece haber llegado a sus postrimerías, al menos como gobierno legítimo.
Es decisivo este momento porque vamos a medir hasta donde llega la actitud corrupta y arbitraria del gobierno y presenciaremos la estrategia para mantener al Presidente en el poder a costa de la democracia.
No es extraña la reacción del Presidente cuando apeló al pueblo para que este valide sus delitos y los de su gobierno. Es tal la popularidad del mandatario que el pueblo muy seguramente va a validar la corrupción rampante en que incurrieron para sacar adelante la reelección. Así el pueblo lo haga, el gobierno no dejará de ser corrupto y el Presidente y sus Ministros implicados no dejarán de serlo tampoco.
Será fundamental que algunos que también pertenecemos al pueblo pero no a la mayoría, estemos listos a denunciar lo que ocurra y poco a poco convencer a la mayoría de que este gobierno ya tuvo su oportunidad y tampoco lo logró.
lunes 30 de junio de 2008
sábado 21 de junio de 2008
Paradigma Corrupto
El facilismo es lo común en la política y el manejo del Estado. Al pasar por reflexiones internas y discusiones sentidas me convencí que la mayoría de quienes tienen el poder razonan bajo un paradigma basado en la aceptación y legitimación de la corrupción con el fin de conseguir “fines superiores” de forma fácil.
Existen dos conjuntos con intersecciones y uniones coyunturales. Hay quienes aceptan la corrupción con el fin de lograr fines “superiores de interés general” y otros que se corrompen por un fin propio pero superior para ellos. No se que es peor pero la intuición me dice que el sistema trata con mayor benevolencia a los primeros.
Que no digan los poderosos que esa es la única manera de hacer política y de manejar el Estado. Esa es su irrespetable opinión, esa es la solución fácil. Insultan la inteligencia al decir que es la única opción y rematan con que es la forma como se ha hecho durante años y no se puede cambiar.
Durante años se ha hecho mal porque es cómodo y no hay que hacer tanto esfuerzo: no hay que discutir ideas sino regatear, no se estructuran buenos proyectos sino se calculan utilidades, no se trabaja por convicción sino se rinde culto a la conveniencia.
Ahora bien, el “fin superior” del corrupto para interés propio es el del típico ladronzuelo pero el “fin superior” del otro es un atado de ego y desfachatez capaz de decidir arbitrariamente hasta donde es aceptable la corrupción pero eso si, siempre en búsqueda de un resultado grande y hasta “noble”.
Ni ese corrupto de fines “nobles” ni los otros van a decidir sobre los fines superiores de mi entorno. Al segundo se le mandará a la cárcel por ladrón y al “noble” habrá que desenmascararlo y poner en evidencia su villana manipulación e igualmente llevarlo a la justicia porque nadie debe tener el suficiente poder para hacerle concesiones a la corrupción y salir como un héroe.
No debe haber justas proporciones de la corrupción. La única opción es aniquilarla y para ello se debe empezar por un proceso íntimo en el que se analice si cada quien ha hecho concesiones corruptas. La respuesta va a ser afirmativa y será preciso hacer un proceso de limpieza y un plan para actuar distinto en el futuro.
Yo lo haré sinceramente porque es posible que la clave para lograr empezar este camino sea acudir al poder de la verdad.
Existen dos conjuntos con intersecciones y uniones coyunturales. Hay quienes aceptan la corrupción con el fin de lograr fines “superiores de interés general” y otros que se corrompen por un fin propio pero superior para ellos. No se que es peor pero la intuición me dice que el sistema trata con mayor benevolencia a los primeros.
Que no digan los poderosos que esa es la única manera de hacer política y de manejar el Estado. Esa es su irrespetable opinión, esa es la solución fácil. Insultan la inteligencia al decir que es la única opción y rematan con que es la forma como se ha hecho durante años y no se puede cambiar.
Durante años se ha hecho mal porque es cómodo y no hay que hacer tanto esfuerzo: no hay que discutir ideas sino regatear, no se estructuran buenos proyectos sino se calculan utilidades, no se trabaja por convicción sino se rinde culto a la conveniencia.
Ahora bien, el “fin superior” del corrupto para interés propio es el del típico ladronzuelo pero el “fin superior” del otro es un atado de ego y desfachatez capaz de decidir arbitrariamente hasta donde es aceptable la corrupción pero eso si, siempre en búsqueda de un resultado grande y hasta “noble”.
Ni ese corrupto de fines “nobles” ni los otros van a decidir sobre los fines superiores de mi entorno. Al segundo se le mandará a la cárcel por ladrón y al “noble” habrá que desenmascararlo y poner en evidencia su villana manipulación e igualmente llevarlo a la justicia porque nadie debe tener el suficiente poder para hacerle concesiones a la corrupción y salir como un héroe.
No debe haber justas proporciones de la corrupción. La única opción es aniquilarla y para ello se debe empezar por un proceso íntimo en el que se analice si cada quien ha hecho concesiones corruptas. La respuesta va a ser afirmativa y será preciso hacer un proceso de limpieza y un plan para actuar distinto en el futuro.
Yo lo haré sinceramente porque es posible que la clave para lograr empezar este camino sea acudir al poder de la verdad.
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