Inmediatamente se radicó la iniciativa popular de referendo en El Congreso, el Presidente salió al paso, con el manejo estratégico de las comunicaciones que caracteriza su gobierno, a sacrificar su aspiración a un tercer mandato y pedir a los parlamentarios que le dieran prioridad al trámite de las reformas política y judicial.
Esto no dejó de ser un canto a la bandera porque se sabía que las iniciativas populares tienen mensaje de urgencia y son priorizadas por delante de los demás proyectos que estén en fila en el Congreso.
Después salió el Ministro del Interior y de Justicia y jefe de la “posthecatombe” porque todavía no hay campaña, a contarnos que el Primer Mandatario no tomará partido en el tema del referendo. Es impresionante la similitud entre la anterior precampaña reeleccionista y esta. El Presidente no hablaba mucho, sus escuderos movían las fichas, él salía de vez en cuando con falsas modestias y humildades y cuando todo estaba listo empezó su campaña y tuvo un éxito abrumador. Magistral.
Es de anotar que no se puede opinar si quiera sobre los más de 4 millones de colombianos que firmaron para convocar el referendo y sobre los cerca de 8 millones de personas que van a reelegir a este gobierno porque es una decisión legítima de las mayorías pero lo que si es digno de todo análisis y cuidado es la manera como se va a tramitar esta iniciativa en el Congreso.
Es preciso prender todas las alarmas para que no haya actos desfachatados como los del anterior round, en el que nos quedaron consecuencias tan dañinas como la Yidispolítica y quién sabe que otras perlas más.
Gracias Presidente por ser tan querido y pretender renunciar a su reelección para tramitar otros proyectos más importantes. Lástima que no sirva para nada su noble intención y que, sin duda, el Congreso no se va a ocupar de nada distinto a negociar las condiciones de su tercer mandato.
lunes 15 de septiembre de 2008
martes 9 de septiembre de 2008
Declaratoria de Hecatombe
Con buen cálculo aseveró el Presidente en noviembre del año pasado que “No es conveniente que un presidente se perpetúe en el poder. La coalición debe encontrar un candidato. Reelección, solo si hay una hecatombe”.
Deja claro que es inconveniente y ello lo dijo con sentido democrático pero estaría dispuesto a reelegirse si se verificara un estado de caos como el que supone una hecatombe.
Una de los significados de hecatombe es que hubiera una gran cantidad de muertes causadas por una guerra. Sin entrar en la discusión sobre la existencia de guerra, conflicto, confrontación o lo que sea, en términos sencillos, la guerra que se vive en Colombia ha causado y sigue generando infinidad de muertes registradas y otra buena cantidad anónimas.
Por otro lado, también se podría pensar que el Presidente se refería a la ocurrencia de una catástrofe o una desgracia. Para un observador externo, la realidad colombiana puede resultar catastrófica y desgraciada y para el Primer Mandatario puede resultar así y ser la razón para aspirar a un tercer período.
Ahora bien, en los últimos meses se han presentado situaciones que pueden suponer que la hecatombe es un hecho sin oficializar. En primer lugar, hubo un cambio estratégico en la cartera del Interior y de Justicia y se nombró a un político que se reputa de ser uno de los principales caudillos conservadores, que sabe hacer política en este sistema con sus particularidades propias, que conoce de las transacciones que son necesarias para sacar adelante un proyecto de la envergadura de otra reelección, no tiene aspiraciones presidenciales inmediatas y sus relaciones con el congreso y demás agentes de poder están frescas.
Por otro lado, no se puede ver como un acto aislado que Luis Guillermo Giraldo haya recogido millones de firmas, habiendo conseguido más de mil millones de pesos para realizar la tarea. No parece muy sensato que esa labor se haya llevado a cabo sin un guiño del Presidente.
Igualmente, la Registraduría recibió una adición presupuestal cuantiosa para revisar las firmas recogidas por Giraldo y su grupo. Esto es legítimo pero llama la atención la celeridad del trámite ante el Ministerio de Hacienda.
Todos estos elementos podrían hacer creer que estamos próximos a que Cesar Mauricio Velásquez lea un comunicado de prensa de la Casa de Nariño en el que declara la hecatombe, por el bien del país y a pesar de la democracia.
Ojala este sea un análisis paranoico y que el Presidente tenga la grandeza, patriotismo y humildad suficientes para hacerse a un lado y permitir que otros gobiernen porque, muy a pesar de quienes no queremos su reelección, el diagnóstico más acertado es que ganaría holgadamente. Estamos en sus manos Presidente porque Usted tiene las mayorías.
Deja claro que es inconveniente y ello lo dijo con sentido democrático pero estaría dispuesto a reelegirse si se verificara un estado de caos como el que supone una hecatombe.
Una de los significados de hecatombe es que hubiera una gran cantidad de muertes causadas por una guerra. Sin entrar en la discusión sobre la existencia de guerra, conflicto, confrontación o lo que sea, en términos sencillos, la guerra que se vive en Colombia ha causado y sigue generando infinidad de muertes registradas y otra buena cantidad anónimas.
Por otro lado, también se podría pensar que el Presidente se refería a la ocurrencia de una catástrofe o una desgracia. Para un observador externo, la realidad colombiana puede resultar catastrófica y desgraciada y para el Primer Mandatario puede resultar así y ser la razón para aspirar a un tercer período.
Ahora bien, en los últimos meses se han presentado situaciones que pueden suponer que la hecatombe es un hecho sin oficializar. En primer lugar, hubo un cambio estratégico en la cartera del Interior y de Justicia y se nombró a un político que se reputa de ser uno de los principales caudillos conservadores, que sabe hacer política en este sistema con sus particularidades propias, que conoce de las transacciones que son necesarias para sacar adelante un proyecto de la envergadura de otra reelección, no tiene aspiraciones presidenciales inmediatas y sus relaciones con el congreso y demás agentes de poder están frescas.
Por otro lado, no se puede ver como un acto aislado que Luis Guillermo Giraldo haya recogido millones de firmas, habiendo conseguido más de mil millones de pesos para realizar la tarea. No parece muy sensato que esa labor se haya llevado a cabo sin un guiño del Presidente.
Igualmente, la Registraduría recibió una adición presupuestal cuantiosa para revisar las firmas recogidas por Giraldo y su grupo. Esto es legítimo pero llama la atención la celeridad del trámite ante el Ministerio de Hacienda.
Todos estos elementos podrían hacer creer que estamos próximos a que Cesar Mauricio Velásquez lea un comunicado de prensa de la Casa de Nariño en el que declara la hecatombe, por el bien del país y a pesar de la democracia.
Ojala este sea un análisis paranoico y que el Presidente tenga la grandeza, patriotismo y humildad suficientes para hacerse a un lado y permitir que otros gobiernen porque, muy a pesar de quienes no queremos su reelección, el diagnóstico más acertado es que ganaría holgadamente. Estamos en sus manos Presidente porque Usted tiene las mayorías.
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