Estaba revisando rápidamente EL TIEMPO por Internet y desprevenidamente abrí la columna de Salud Hernández sobre la despenalización de la dosis personal de droga. Empecé a leer y a percibir cierto tufillo reaccionario y moralista y al avanzar por este texto que parecía escrito por un supernumerario del Opus Dei, se me derrumbaba la gran imagen de Salud.
En buena hora terminé el estigmatizante dechado de improperios contra los “drogos” y al confirmar el nombre del autor de tremenda tontería respiré tranquilo al leer el nombre de Saúl y no de Salud Hernández. Me alegré porque Salud sigue en mis afectos pero me entristece que todavía haya columnistas como Saúl.
Al indagar más a fondo por Saúl Hernández recordé que un homónimo suyo fue el líder de los Caifanes de México. Saúl el rockero tenía una pinta de “drogo” que al colombiano Saúl haría persignarse pero su música es una buena muestra de calidad y creatividad, a diferencia de la columna del Colombiano.
Esta discusión les permite a los francotiradores morales disparar sus dedos en contra de unos y otros y a los defensores irreflexivos de la libertad los alienta a desahogarse contra los primeros. Lo importante sería desapasionar esta discusión y entender que los defensores de una u otra posición, no necesariamente son “drogos” ni santos, con minúscula porque con mayúscula habría una confusión.
Hay suficientes y respetables razones a los dos lados. Yo me inclino por la de la despenalización de la dosis personal porque de esa manera se sigue labrando el camino de la legalización y así se lograría un “cannabis de calidad y barato” y en ese momento el negocio se convertiría en una práctica empresarial de normales rendimientos. El negocio sería asumido por laboratorios sometidos a todos los controles y ello sería una garantía para los consumidores. Por cierto, en esas condiciones los mafiosos renunciarían y buscarían otra actividad ilegal.
El consumo de droga, alcohol, tabaco y demás sustancias y las enfermedades adictivas que ellos causan, así como la anorexia, la bulimia y demás desordenes similares se tratan con herramientas bien distintas a la represión. La prohibición es una estrategia mediática para mostrar “coherencia institucional” pero se gasta energía en un tema que no va a solucionar el problema y se deja de atender otras prioridades.
Sería inaceptable que esta cruzada contra la dosis personal, sea un ajuste de rencillas del gobierno contra el ex Magistrado y Presidente del Polo que fue el ponente de la sentencia de la dosis personal. Si así fuera que Dios los perdone.
martes 31 de marzo de 2009
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